Skip to main content

Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

See other formats


31 de mayo al 7 de junio 



El significado 
de su muerte 




«Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, 
sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos». 

Marcos 10: 45 



La decisión de morir. 



Sábado 
31 de mayo 



INTRODUCCIÓN 

Isaías 53: 5 

A través de las edades muchos ha estado 
dispuestos a convertirse en mártires guiados 
por diferentes ideales. Juana de Arco es una 
heroína nacional de Francia que también es 
parte del santoral catóUco. En el siglo xv, 
cuando tenía 19 años fue quemada en la ho- 
guera al rebelarse contra la dominación 
inglesa de Francia. Al ir en aumento las lla- 
mas, supuestamente dijo: ^<Todo lo que he 
hecho ha sido por mandato de Dios».^ 

Fn la actualidad, cuando pensamos en 
mártires nos vienen a la mente los terroris- 
tas suicidas y el gran daño que causan al 
bienestar de un país, así como a la vida hu- 
mana. ¿Qué motivos los impulsan para con- 
vertirse en mártires? 

Algunos sociólogos sugieren que los már- 
tires << sufren» trastornos, así como de una 
gran falta de aprecio. Todos tenemos un de- 
seo innato de ser apreciados por los demás. 
Fse reconocimiento nos proporciona un sen- 
tido de identidad y nos ayuda a entender 
quiénes somos. Sin embargo, si algunos de 
manera constante creen que no están sien- 
do apreciados o valorados adecuadamente, 
podrán el día menos pensado aparecer en 
algún titular de prensa.^ 



Cuando Jesús exclamó «Todo se ha cum- 
plido», dio fin a un agudo acto de martirio 
que comenzó en el mismo momento que 
asumió su misión terrenal. La motivación 



Su martirio 

fue un misterioso 

acto de amor. 



que lo llevó a la muerte no puede ser ple- 
namente explicada o entendida en un con- 
texto racional, social o científico; porque 
su martirio fue un misterioso acto de amor 
que resuena e impacta la vida de cada ser 
humano por todas las edades. Isaías 53: 5 
dice que sus heridas y su castigo han sido 
el motivo para que seamos sanados. 

Muchas veces fracasamos al no enfo- 
carnos en la motivación que llevó a Jesús a 
sacrificarse por nosotros. Debido a que es 
una motivación divina, resiste cualquier ex- 
plicación de carácter social; por lo tanto, 
no podemos entenderla plenamente. No 
obstante, debemos aceptar este don de vida 
y convertirlo en el motivo de nuestro estu- 
dio y meditación. Aprovechemos esta 
semana la oportunidad para identificar per- 
sonalmente los motivos por los cuales él 
decidió morir por ti y por mí. 



, Citas de Santa Juana. Consulta realizada el 7 de marzo de 2007. En: 
http://www.stjoan-center.com/quotable/. 

, Robert FuUer, el síndrome de la falta de aprecio: «Recognition Disorders: 
The Hidden Syndrome Behind Martyrdom». Consulta realizada el 7 de 
marzo de 2007. En: http://www.dignitarians.org/recognition.html. 



Val Bernard, Binfield, Berkshire, Inglaterra 



97 



Domingo 
1° de junio 



La triple muerte de Cristo 



LOCOS 

Mateo 27: 45, 46; Lucas 2: 25-35; 

1 Corintios 15: 3; 2 Corintios 5: 18-21; 

Calatas 6: 14; Hebreos 2: 17 

Cristo nació para vivir y morir a favor 
de la humanidad. Llevó su cruz desde el 
pesebre hasta el Calvario. Demostró la ne- 
cesidad de la triple muerte que el pecado 
legó a la humanidad: la muerte al yo, la 
primera muerte y la segunda muerte. 



La muerte al yo (Heb. 2: 17) 

Cuando Adán y Eva comieron del fru- 
to prohibido, colocaron al yo, al deseo y al 
razonamiento humano por encima de las 
claras instrucciones del amante Creador. 
La vida de Cristo demuestra el significado 
de la muerte diaria al yo. Él nunca colocó 
sus preferencias personales, deseos o capa- 
cidad de raciocinio por encima de la vo- 
luntad divina. El lema de su vida fue: ^< de- 
bo ocuparme de los negocios de mi Padre» 
(Luc. 2: 49). 

Al enfrentar la muerte exclamó ^<no se 
haga mi voluntad, sino la tuya» (Mar. 14: 
36). Cuando algunos griegos vinieron a él 
preguntando por el camino a la vida eter- 
na su respuesta fue: ^<si el grano de trigo no 
cae en tierra y muere, se queda solo. Pero 
si muere, produce mucho fruto» (Juan 12: 
24; Rom. 6: 5-10). La vida de Cristo nos en- 
seña que para vivir debemos primero mo- 
rir y luego morir a diario. En verdad somos 
salvos por su vida (Rom. 5: 10), su vida es 
un ejemplo perfecto de vida y muerte. 



La primera muerte 
(Mat. 27: 45, 46) 

La primera muerte es la consecuencia 
natural de separarnos de Dios, la fuente de 
toda vida. El pecado ocasiona decadencia y 
muerte. Envenena nuestras mentes y las 
predispone contra la santidad y la justicia 
de Dios; nos hace enemigos de todo lo que 
proviene de él (Rom. 5: 10; 8; 7; Col. 1:21). 
La historia de la humanidad y de la vida de 
Cristo demuestra que el pecado y los peca- 
dores, de ser posible, destruirían a Dios y a 
los principios de su gobierno. Sin embar- 
go, las puertas del infierno no prevalecerán 
contra su reino (Mat. 16: 18). 

El pecado hace que nuestros cuerpos co- 
miencen a morir desde el momento de la 
concepción. Maduramos desde que nace- 
mos hasta la edad adulta tan solo para mo- 
rir. Este mundo caído nos enseña que la pa- 
ga del pecado es la muerte. No puede haber 
vida aparte de Dios. Incluso Jesús, el Hijo 
del Hombre, debió experimentar la maldi- 
ción del pecado que es la muerte física. Los 
evangelios muestran, sin embargo, que un 
mundo maldecido por el pecado y los demo- 
nios, no le permitirían morir de una forma 
digna. Como un imán, la vida recta de Jesús 
atrajo a todas las fuerzas del mal, tenien- 
do como consecuencia su muerte brutal. 
¡Eue crucificado, no por Dios, sino por hom- 
bres malvados y por demonios! (Mat. 27: 
15-26). El pecado es una agresión a Dios, 
a su familia y a su reino. 

De allí que como el segundo Adán, 
Cristo sufriera la primera muerte, que es el 
resultado natural del pecado. La separación 
de Dios conduce a esta primera muerte, y 
la separación eterna lleva a la muerte eter- 



98 



na: la segunda muerte. Cuando Cristo cla- 
mó desde la cruz: ^<Dios mío, Dios mío, ¿por 
qué me has desamparado?» (Mat. 27: 46), 



Y esto lo hizo por ti 
y por mí. 



comenzó a experimentar el horror de la se- 
gunda muerte: la separación eterna de Dios. 

La segunda muerte 
(1 Cor. 15: 3) 

La despiadada muerte física del Hijo 
de Dios, aunque tiene una influencia sal- 
vadora en la humanidad, no es la que nos 
salva de la muerte eterna. La paga principal 
del pecado es una muerte de la que no hay 
marcha atrás. Es una total y eterna aniqui- 
lación. Las buenas nuevas consisten en que 
Dios tanto amó al mundo que Cristo se con- 
virtió en el cordero inmolado desde la crea- 
ción del mundo (Gen. 3: 15; Apoc. 13: 8). 
Dios le prometió a la humanidad que Cris- 
to sería su sustituto y sufriría la segunda 
muerte (1 Cor. 15: 3; Apoc. 21: 8). 



El significado de la muerte 
de Cristo (Gal. 6: 14) 

La muerte de Cristo signiñca vida abun- 
dante y eterna para todo aquel que tiene fe 
en Dios mediante su Hijo, y que está dis- 
puesto a morir al yo a fin de vivir para el 
Señor. No entendemos el dolor y el sufri- 
miento que experimentó Jesús al morir la 
segunda muerte por nosotros; pero, pode- 
mos agradecerle eternamente a Dios por- 
que él estuvo en Cristo reconciliando al 
mundo a sí (2 Cor. 5: 18-21). Alabamos a 
Dios porque gracias a la triple muerte de 
Jesús tenemos la oportunidad de vivir. Con 
Pablo podemos decir: «En cuanto a mí, ja- 
más se me ocurra jactarme de otra cosa si- 
no de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, 
por quien el mundo ha sido cruciflcado 
para mí, y yo para el mundo» (Gal 6: 14). 

PARA COMENTAR 

1. ¿Qué debemos hacer a fin de experimen- 
tar, al igual que Jesús, la muerte al yo? 

2. Únicamente Dios pudo juzgar a Jesús y 
ofrecerlo como sacrificio y sustituto nues- 
tro. ¿Qué nos dice entonces la crucifixión 
respecto la idea que podamos hacernos 
de Dios? 

3. ¿Qué piensas que Cristo sintió al sufrir 
la segunda muerte? 



Elliott A. Williams, Hertfordshire, Inglaterra 



99 



Lunes 

2 de junio 



Aunque ellos lo mataron, 
él los perdonó 



TESTIMONIO 

Lucas 23: 34 

^<E1 hijo de Dios fue rechazado, y des- 
preciado por nosotros. Al ver plenamente 
la cruz, al contemplar por fe los sufrimien- 
tos de Cristo, ¿podrán ustedes narrar su his- 
toria de dolor y sus propias pruebas? ¿Po- 
drán ustedes alimentar la venganza contra 
sus enemigos en su corazón mientras la 
oración de Cristo sale de sus labios pálidos 
y temblorosos en favor de sus escarnecedo- 
res, de sus asesinos: "Padre, perdónalos, por- 
que no saben lo que hacen" (Luc. 23: 34)?»^ 

«Cuando estudiamos el carácter divino 
a la luz de la cruz, vemos misericordia, ter- 
nura, espíritu perdonador unidos con equi- 
dad y justicia. Vemos en medio del trono a 
uno que lleva en sus manos y pies y en su 
costado las marcas del sufrimiento soporta- 
do para reconciliar al hombre con Dios. Ve- 
mos a un Padre infinito que mora en luz 
inaccesible, pero que nos recibe por los mé- 
ritos de su Hijo. La nube de la venganza 
que amenazaba solamente con la miseria y 
la desesperación, revela, a la luz reflejada 
desde la cruz, el escrito de Dios: ¡Vive, pe- 
cador, vive! ¡Ustedes, almas arrepentidas 
y creyentes, vivan! Yo he pagado el rescate».^ 

«Fije el pecador arrepentido sus ojos en 
"el Cordero de Dios, que quita el pecado del 
mundo"; y contemplándolo, se transforma- 
rá. Su temor se trueca en gozo, sus dudas 
en esperanza. Brota la gratitud. El corazón 



de piedra se quebranta. Una oleada de amor 
inunda el alma. Cristo es en él una fuente de 
agua que brota para vida eterna. Cuando 
vemos a Jesús, Varón de dolores y experi- 
mentado en quebrantos, trabajando para 



«¡Vive pecador, vive!» 



salvar a los perdidos, despreciado, escarne- 
cido, echado de una ciudad a la otra hasta 
que su misión fue cumplida; cuando le con- 
templamos en Getsemaní, sudando gruesas 
gotas de sangre, y muriendo en agonía so- 
bre la cruz; cuando vemos eso, no pode- 
mos ya reconocer el clamor del yo. Mi- 
rando a Jesús, nos avergonzaremos de nues- 
tra frialdad, de nuestro letargo, de nuestro 
egoísmo».^ 

PARA COMENTAR 

1. ¿En qué sentido es la cruz fundamental 
para el perdón? 

2. Discute la necesidad de que Cristo mu- 
riera de una forma tan cruel y la relevan- 
cia que esto tiene para nuestra redención. 



l.Ajin de conocerle, domingo 28 de febrero. 

2. Los hechos de los apóstoles, p. 269. 

3. El Deseado de todas las gentes, p. 407. 



100 



Patrick Herhert, Nottingham, Inglaterra 



Muriendo para vivir. 



Martes 
3 de junio 



EVIDENCIA 



Juan 3: 16 



El 24 de noviembre de 2005, el profe- 
sor Roger Williams declaró mientras per- 
manecía frente al Hospital Cromwell de Lon- 
dres: ^<E1 Sr. Best está llegando al final de 
una larga lucha con la enfermedad [...]. 
Debo decirles que sus horas están contadas 
y que todo esto es muy triste para quienes 
hemos estado a su lado»/ George Best mu- 
rió al día siguiente, a la edad de 59 años, a 
causa de << múltiples problemas orgánicos». 

El 8 de octubre de 2005, la prensa in- 
formó: «El total de muertes causadas por el 
poderoso terremoto de magnitud 7.6, en la 
frontera entre la India y Pakistán, sobre- 
pasa la cifra de 2.000 víctimas». Se estima 
que unas treinta mil personas mueren a dia- 
rio en África a causa del paludismo. Margaret 
Thatcher, quien fuera Primera Ministra de 
Gran Bretaña, dijo del presidente Reagan 
cuando este murió: ^<É1 será echado de me- 
nos no tan solo por quienes lo conocieron 
y por la nación que sirvió con tanto orgu- 
llo y que tanto amaba; sino, por millones 
de hombres y mujeres que hoy viven en 
libertad gracias a las políticas que imple- 
mento». 

La muerte es la misma, ya sea que nos 
llegue de forma tranquila, trágicamente, o a 
causa de hábitos malsanos. La muerte es un 
proceso natural. Los cien billones de célu- 
las de nuestro cuerpo están programadas pa- 
ra morir. Cada día, más de cien mil millo- 
nes de ellas se dividen, formando nuevas 
células para remplazar a los miles de millo- 



nes que han muerto. Todos nosotros comen- 
zamos a morir desde el día en que somos 
concebidos. 

Nuestra respuesta a la muerte refleja el 
ambiente en que la misma ocurre. El hecho 
de que George Best fuera un destacado hom- 
bre fue lo que motivó la respuesta del pú- 
blico inglés ante su muerte, sin tomar en 
cuenta que su estilo de vida fue el factor cau- 
sante de su fallecimiento. La respuesta mun- 
dial ante el deceso de Ronald Reagan es 
un testimonio a su papel de estadista. La 
trágica realidad de la muerte de más de dos 
mil personas en el terremoto entre la India 
y Pakistán suscita nuestra conmiseración, 
mientras que los treinta mil muertos dia- 
rios en África a causa de una enfermedad 
controlable pasan desapercibidos. No obs- 
tante, todas esas muertes representan la se- 
paración de seres amados. 

Dios planiñcó esa separación cuando le 
recordó a la generación post diluviana que 
su vida sería acortada (Gen. 6: 3). Sin em- 
bargo, el sello de la muerte surge cuando la 
serpiente le dijo a Eva que comiera del fru- 
to (Gen. 3: 1-6). 

Dios no creó al mundo para que el mal 
prevaleciera, y es en este punto que apare- 
ce Jesús. Durante la última cena dijo: «co- 
man», ofreciéndonos una salida, no para 
escapar a la muerte del pecado, sino para 
aceptar la vida eterna mediante su muerte 
en la cruz (Luc. 22: 19, 20). 

Nuestras células están programadas 
para morir; pero, si ^Uomamos y comemos» 
lo que Jesús nos ofrece, nuestras células 
serán reprogramadas para vida. No habrá 
mas separaciones. No habrá más muerte. 



Alhert A. C. Waite, Riseley, Berkshire, Inglaterra 



101 



Miércoles 
4 de junio 



Cómo morir 
y vivir por siempre 



COMO ACTUAR 

1 Cor. 15: 12-26; Heb. 9: 27 

Un anuncio de una compañía de segu- 
ros dice lo siguiente: ^< Hablemos de uno de 
los temas que menos se menciona. A nadie 
le gusta hablar respecto a la muerte. Es una 
idea poco agradable, pero supongamos que 
usted muere de repente, ¿cómo se las arre- 
glaría su familia en su ausencia?» La muer- 
te puede ser postergada mediante un régi- 
men de vida cuidadoso y una buena aten- 
ción médica, pero aun los buenos médicos 
mueren. Por diversas razones mucha gente 
teme morir. La muerte frustra el amor y avi- 
va la fe. La muerte separa a la gente. Causa 
controversias en el seno de la iglesia. Aho- 
ga los grandes anhelos. Destruye familias en- 
teras. Convierte a los hijos en huérfanos y 
a los hogares felices en cascarones vacíos 
(Job 14: 1, 2). De hecho, no hay una ver- 
dad más grande en el mundo que el hecho 
de que todos moriremos (Heb. 9: 27). 

Quizá tú estés entre quienes no desean 
morir. He aquí algunos pasos que puedes 
dar a fin de vivir para siempre: 
1. Arrepiéntete de tus pecados. Ezequiel 
18: 20 nos dice que ^<el alma que peque 
esa morirá» la segunda muerte. Por lo 
tanto, arrepiéntete de tus pecados y per- 
mite que los Diez Mandamientos sean tu 
guía. Proverbios 4: 4 afirma que si sigues 



las enseñanzas de Dios alcanzarás la vida 
eterna. 
2. Desarrolla un vínculo apropiado con 
Jesús. Este es un proceso continuo que 
involucra actividades diarias como la lec- 



Considera la muerte 

como lo que 

en realidad es. 



tura de la Biblia y la oración, servir a los 
demás, meditar en la Palabra de Dios, etc. 

3. Acepta a Cristo. Él anhela ser tu salva- 
dor. Cree en él y vivirás eternamente 
(Hech. 16: 31). 

4. Ayuda a otros a entender el significa- 
do del sacrificio de su sacrificio. Cris- 
to murió por los impíos. Recuerda que na- 
die es justo, excepto Jesús. La vida eterna 
es un don inefable, sellado con su muer- 
te en la cruz y está disponible para todo 
el que lo desee. 

5. Prepárate para la muerte. Planifica tu 
funeral por adelantado. Pero sobre todo, 
asegúrate que tu relación con Dios y con 
los demás es la mejor. No sabemos cuán- 
do hemos de experimentar la primera 
muerte. 

6. Considera la muerte como lo que en 
realidad es. Es la transición de un sue- 
ño a la vida eterna. 



102 



Seth Asare, Bracknell, Berkshire, Inglaterra 



El significado 
de su muerte 



Jueves 
5 de junio 



OPINIÓN 

1 Corintios 2: 14 

En nuestra sociedad posmodemista pue- 
de considerarse una ofensa decirle a la gen- 
te que Jesús murió por sus pecados. La sola 
idea de que ellos necesitan ser salvados de 
sus pecados es intolerable, especialmente en 
un tiempo cuando se ignora el verdadero sig- 
nificado del concepto pecado. En la actuali- 
dad la manirá a repetir es: ú^. superviven- 
cia del más apto», y el significado de la vi- 
da consiste en la autogratificación apoyada 
por la teoría de la evolución. Esta filosofía 
hace que sea innecesario cualquier código 
moral y convierte a la ética en algo relati- 
vo a la cultura, la época y las decisiones per- 
sonales. Estas ideas se han estado implan- 
tando en las iglesias cristianas. A causa de su 
deseo de captar miembros, las iglesias se 
han acostumbrado a diluir el evangelio. Sin 
embargo, quizá uno de los peores errores 
que se han ido infiltrando en la cristiandad 
es la idea de que el pecado no es algo malo 
y que Jesús no murió para salvarnos de la 
segunda muerte, un castigo que merecemos. 
Más bien se considera que su muerte fue 
un reflejo de lo mucho que él nos amaba. 

Como cristianos adventistas, sostenemos 
firmemente la creencia que el sacriflcio de 
Jesús es la única forma por la que podemos 
ser salvos, y que su muerte es mucho más 
que una demostración de su amor. Si Jesús 
tan solo hubiera muerto para demostrar que 
Dios nos ama, podríamos ilustrar su muer- 
te con el encuentro con un extraño al borde 
de un precipicio. De repente el descono- 
cido maniflesta su gran amor por ti al sal- 
tar al precipicio y caer sobre las afiladas ro- 



cas más abajo. Un comportamiento así te ha- 
ría sentir muy mal, probablemente te senti- 



Estas ¡deas 

se han estado implantando 

en las iglesias cristianas. 



rías horrorizado. Pero, de suceder esto, ¿te 
sentirías convencido de que él te amaba? 

La única razón por la cual Jesús murió 
por nosotros es porque nos amaba, aunque 
existen algunos textos que expresan razo- 
nes diferentes (ver: Heb. 2; 9, 10). La doc- 
trina de la muerte de Cristo es parte funda- 
mental de la creencia que Dios nos acepta y 
que tenemos acceso directo a él mediante la 
muerte de Jesús. Si creemos en un Dios que 
es a la vez justo y misericordioso, acepta- 
remos la segunda muerte de Cristo como 
un sustituto de nuestra segunda muerte. 
Luego, nosotros los que vivimos en rebe- 
Hón contra Dios haremos las paces con él. 

Entonces, ¿en qué debemos creer? ¿En 
el ^<testigo fiel» que dijo al morir «todo ha 
concluido», a fin de confirmar la destrucción 
del pecado y la redención de los seres hu- 
manos; o en las doctrinas de nuestra relati- 
vista sociedad? 

PARA COMENTAR 

1 . Discute por qué Cristo escogió morir pa- 
ra que al conflar en él no tengamos que 
morir eternamente. 

2. ¿Cómo puedes mostrarles a quienes te 
rodean que la única forma de llegar a 
Dios es mediante el sacriflcio de Cristo? 



Camilla Elliott, Londres, Inglaterra 



103 



Viernes 
6 de junio 



Él derrotó a la muerte 



EXPLORACIÓN 

Lucas 23 

PARA CONCLUIR 

La separación o la pérdida de un ser 
querido es algo doloroso. Dios el Padre es- 
tuvo dispuesto a sufrir el dolor de la sepa- 
ración, la pérdida de Jesucristo su único Hi- 
jo, permitiendo que muriera con el corazón 
quebrantado a causa de nuestros pecados. 
Las buenas nuevas consisten en que Jesús 
derrotó a la muerte para que todos aque- 
llos que crean en él y lo sigan resuciten a 
vida eterna. Para aquellos que reconozcan 
a Jesús como su señor y salvador, la cruci- 
fixión es una crónica de vida no de muerte. 

CONSIDERA 

• Crear un dolorímetro confeccionado en 
cartulina, con los números del 1-10. El 
uno (1) representa un dolor leve, y el diez 
(10) un dolor insoportable. Al leer Lucas 
23, enumera las emociones personales y 
los acontecimientos físicos que Jesús 
experimentó, incluyendo su crucifixión. 



Utilizando el medidor como una guía, co- 
loca un número al lado de cada uno de 
los elementos que colocaste en la lista. 

• Diseñar una tarjeta de agradecimiento y 
entregarla a algún donante de órganos o 
a alguien que te haya salvado la vida. 

• Esbozar un cuadro de los acontecimien- 
tos de la crucifixión y de la resurrección 
descritos en la presente lección. Colóca- 
le un título llamativo a tu dibujo. 

• Visitar un cementerio. Busca la lápida 
más vieja y la más reciente. Imagina có- 
mo se abrirán las tumbas cuando Jesús 
regrese. Antes de marcharte, arrodíllate 
delante de alguna tumba y agradécele a 
Jesús que haya muerto por nosotros. 

• Seleccionar un himno o canto de alaban- 
za que represente tus sentimientos res- 
pecto a lo que Jesús hizo por ti al morir 
y perdonar tus pecados a fin de que ten- 
gas vida eterna. 

• Redactar una esquela mortuoria infor- 
mando de la muerte de Jesús, para ser pu- 
blicada en un periódico de tu locaUdad. 

PARA CONECTAR 

/ El Deseado de todas las gentes, caps. 74-81. 



104 



Carole Kilcher, Burleson, Texas, EE. UU.